Trump a dos vías ¿Pragmatismo y realpolitik?
Trump a dos vías ¿Pragmatismo
y realpolitik?
Por: José Manuel Guzmán
Para comprender la
situación de Venezuela hoy, es crucial despojarse de cualquier idealismo y
enfocarse en la realpolitik. Considero que lo que estamos observando con
Donald Trump es una táctica de “dos vías” que se asemeja a un enfoque
meticuloso. Por un lado, está el reconocimiento de Delcy Rodríguez como figura
clave del desorden, mientras que, por el otro, se mantiene a María Corina
Machado como símbolo de una legitimidad que Trump aún no decide cuándo
utilizar.
Es evidente que hay una división estratégica dentro del partido republicano. Los representantes de Florida mantienen un enfoque moral centrado en María Corina, mientras que la Casa Blanca ha decidido adoptar un enfoque práctico y distante, sin considerar a Delcy Rodríguez como socia, sino como una operadora indispensable. Al reconocer su función temporal, Estados Unidos intenta prevenir un vacío de liderazgo que interrumpa el suministro energético, utilizando la organización del rival para asegurar la operatividad estatal siguiendo directrices de Estados Unidos.
Creo que la táctica de
Donald Trump no debe interpretarse como una contradicción, sino como un enfoque
pragmático de “doble vía o doble dirección”. Una parte se refiere a un método
técnico para el manejo de recursos, mientras que la otra es una vía política
acerca de la legitimidad. Al aceptar a Delcy Rodríguez, ha creado una especie
de gestión de crisis que le permite garantizar el suministro de energía y la
estabilidad territorial de manera inmediata; se trata de la implementación de
una realpolitik donde el objetivo justifica el empleo de un
intermediario problemático.
Esta posición se basa en
las enseñanzas de Irak y Afganistán, donde Estados Unidos comprendió que
eliminar sistemas de control sin un proceso técnico de transición provoca
desorden y vacíos en el poder. Con Venezuela, Washington se enfoca en limpiar
el sistema y garantizar el funcionamiento del Estado antes de implementar un
cambio definitivo de liderazgo, evitando así repetir el error de esos gobiernos
colapsados.
Trump juega a dos bandas;
permite que figuras como Marco Rubio preserven la legitimidad de María Corina
para retener el apoyo del exilio, mientras utiliza a los Rodríguez para
ejecutar las tareas administrativas complejas que un gobierno civil no podría gestionar
en el caos actual. De este modo, la presión ética de unos y el realismo de
otros se combinan para que Washington mantenga el control total del tablero sin
comprometer su capital político.
En términos simples, nos
encontramos ante un modelo donde el futuro de Venezuela se define por la fría
lógica de los intereses geoestratégicos. En el contexto que rodea a Trump,
Delcy es vista, por un lado, como “la fantástica, la que ha logrado resultados
sorprendentes”; mientras que, por el otro, María Corina representa a la figura
emblemática, “la valiente que todos quieren” desde los alrededores de
Mar-a-Lago. Así, se ha decidido que Delcy actúe como la representación del
orden bajo supervisión; además, se mantiene a María Corina como la alternativa
que garantiza que, si se rompe ese orden, habrá un sustituto ideal para
restaurar la confianza en la democracia. Esta táctica asegura que, sin importar
quién salga victorioso en el conflicto interno de Venezuela, el control de la
gestión final siempre estará en un escritorio en la Oficina Oval.
María Corina Machado
representa la alternativa dentro de este complejo escenario de presión; su
enorme respaldo popular, como he mencionado siempre, constituye un recurso
político auténtico y natural de los venezolanos. Además, su conexión con
sectores influyentes del Congreso estadounidense la posiciona como la figura
decisiva en la lucha contra el régimen de Miraflores. Creo que Trump la
prefiere afuera no por falta de respaldo, sino como un aviso constante hacia el
chavismo. Si el interinato tutelado se aparta del acuerdo establecido o
interfiere con los intereses de Washington, él posee la habilidad de activar a
la líder opositora para despojar definitivamente a aquellos que actualmente
solo cumplen un papel de ejecutores.
Es fundamental reconocer
que el retorno de María Corina Machado, la incuestionable figura principal de
este proceso, será el verdadero indicador de este conflicto; no logro entender
por qué persisten tantos sectores y promotores adversos a ese liderazgo indiscutible
seguir deslegitimándola. Si ella consigue regresar en circunstancias que
propicien elecciones genuinas, habremos superado la inercia del reciclaje
chavista.
Sin embargo, si
Washington se muestra satisfecho con una Venezuela estable y petrolera bajo el
control de los Rodríguez, es evidente que el peligro de que la transición se
estanque es hoy más elevado que nunca. Estoy seguro de que este
caso es poco probable, ya que el precio de desatender la voluntad del pueblo
venezolano y traicionar los fundamentos democráticos de su propia base
electoral impacta directamente en el ambiente político y social de Estados
Unidos. Es un costo que Trump no está dispuesto a asumir.
En
medio de este juego político, hay un aspecto que merece ser señalado. La
estabilidad representa una ficción que pocos ciudadanos venezolanos están
interpretando de forma positiva. Aquí, nuestros bolsillos se ven severamente
afectados de forma rápida y constante; es un equívoco adherirse a la historia
de que están fluyendo recursos y que la inflación se ha reducido. Las
estadísticas de marzo son contundentes y evidencian que el crecimiento se
limita a la historia del acuerdo relacionado con el petróleo y el oro.
Esto se traduce en una brecha muy alarmante entre el enfoque práctico de Washington —jugando con Delcy y María Corina como piezas de un juego— y la experiencia del ciudadano, quien no está dando la lectura correcta a esta “doble vía de Trump” como una táctica brillante, sino como un estancamiento angustiante. Es indudable que, mientras en las oficinas de Mar-a-Lago se analizan tiempos políticos, en las calles de Venezuela la sensación es que la transición no progresa y que el verdadero cambio ha sido comprometido a cambio de una paz ilusoria.
Existe un agotamiento
social que es más profundo y se hace sentir con mayor rapidez que en épocas
anteriores. Los venezolanos manifiestan desconfianza ante la posibilidad de que
su libertad política se retrase de manera indefinida, mientras se busca normalizar
un sistema que asegura únicamente beneficios comerciales. Es un hecho que las
propuestas elevadas ignoran el hambre y la urgencia que sienten quienes
demandan una solución rápida. La frustración es total al intentar imponer la
idea de que, tras haber soportado 27 años, es razonable esperar aún más; esta
narrativa solo pretende minimizar la opresión de una sociedad que ya no puede
permitirse más paciencia frente a planes que no son propios.
Esto
representa un gran inconveniente para la administración de Trump. Su equipo y
el sector más extremista del Partido Republicano son muy sensibles a estos
estudios; por este motivo, la investigación reciente de Meganálisis y las
encuestas en Estados Unidos muestran una verdad tangible; el nombre de Delcy
Rodríguez perjudica el capital político de Trump entre su base leal. En cambio,
María Corina Machado mantiene un respaldo superior al 70 % como el único activo
legítimo, y también la figura de Rodríguez es vista —sobre todo en Florida—
como un elemento de realismo que va en contra de la narrativa de justicia y
mano dura.
Esta dependencia de los indicadores muestra que el pragmatismo tiene un límite en las elecciones. Los coordinadores electorales de Trump notan que apoyar por más tiempo figuras como las del interinato en Venezuela dividirá el voto conservador, particularmente en Florida, que es muy importante para la vida del presidente. Si el conflicto con Delcy supera las ganancias del petróleo, Trump renunciará a la opción técnica para evitar problemas políticos en Estados Unidos.
Entre muchos actores políticos norteamericanos, cercanos y no cercanos a Trump, tienen un claro entendimiento de que la corrupción de los sobrevivientes del régimen interino destruyó toda la confianza en Washington, haciéndolos una opción poco viable para Trump. Ante esta carga, la legitimidad de María Corina resalta como un recurso político limpio, colocándola como la única persona capaz de influir sin el lastre del pasado que también descalifica al resto de la oposición.
Lo que ha sucedido en Venezuela es el resultado del esfuerzo continuo de María Corina Machado, desde las elecciones primarias hasta las presidenciales del 2024; junto a un esfuerzo diplomático de gran relevancia llevado a cabo por Marco Rubio, quien después de 14 años en el Senado y con un enfoque particular en Venezuela, en la actualidad orienta la política exterior de Estados Unidos con una comprensión profunda de nuestra crisis. Negar esta legitimidad o ningunear su liderazgo no constituye una postura política sostenible; es ignorar el único activo de legitimidad que, en la actualidad, asegura una solución efectiva ante los desastres anteriores del pasado.
Es necesario multiplicar,
impulsar y ampliar la narrativa de que, a pesar de los obstáculos, el proceso
continúa y, en contra de lo que se esperaba, progresa rápidamente. En este
momento, la confianza y la fe son nuestras mayores virtudes; lo opuesto solo
ayudaría a dar vida a los delincuentes del sistema que solo buscan ganar tiempo
como siempre para sobrevivir, pues es claro que ya llegaron a su fin.



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