Por José Manuel Guzmán
Venezolano, activista político y
comunitario
Me pregunto qué estrategia usa Delcy Rodríguez para que POTUS hable tan bien de
ella. Habría que ver si el gobierno actual entiende bien lo que pasa en
Venezuela o si, más bien, se está equivocando con su estrategia. Aunque sé que
puede sonar ingenuo dudar de lo que piensa la Casa Blanca, la verdad es que la
diferencia entre esos halagos y lo que vivimos me hace pensar mucho. Creo que
no podemos ignorar esta diferencia, porque afecta directamente cómo la gente—dentro
y fuera de los Estados Unidos— aprueba
al presidente.

Como venezolano, activista y disidente, quiero dar las gracias de corazón al
gobierno de Estados Unidos, a Marco Rubio y al presidente Trump, por lo que
hicieron el 3 de enero de 2026. Que sacaran a Nicolás Maduro y a su esposa fue
un momento importante que nos dio esperanza. Pero, viendo cómo están las cosas
ahora en el país, tengo que separar ese acto de justicia de la situación tan
preocupante que vivimos. Me preocupa ver que, después de eso, nuestra vida
diaria ha ido a peor, y la inestabilidad que ya parecía no tener arreglo, ahora
es todavía más grave.
Es clave comparar lo que dice Washington con lo que sentimos aquí. Michael
Kozak dijo hace poco en el Congreso que habían juntado 3 mil millones de
dólares para sueldos y ayudas a la industria. Si meten tanto dinero, ¿por qué
seguimos viendo que la inflación nos vacía los bolsillos? Lo que más preocupa
es que, cuando se habla de auditorías y empresas internacionales como KPMG, el
venezolano de a pie no ve que ese dinero sirva para algo. Si el dinero que
entra no cuadra con la supuesta bonanza de lo que se recuperó, entonces nada es justo de verdad.
A toda esta incertidumbre se le añade que no hay control en el sector de la
salud, algo súper importante en el país hoy día. En febrero de 2026, mandaron
más de seis toneladas de medicinas y material médico, pero la ayuda se perdió
como por arte de magia en los canales oscuros —que siempre han sido así de
turbios— de la Delcy-burocracia, que ya no es tan nueva. Los hospitales
públicos siguen sin dinero suficiente desde hace mucho, y eso me hace pensar si
esos 3.000 millones de dólares terminarán igual. ¿Se usan para subir sueldos o
solo para mantener viva una estructura que, en el fondo, solo le cambiaron el
nombre? ¿Será que Trump de verdad está pensando en Delcy como candidata para
unas elecciones en las que ella ni debería poder aparecer?
Hablar de que todo está normal, cuando el precio de la canasta básica nos come
cualquier ingreso o aumento de sueldo, es una contradicción muy grande. Me
choca mucho que el presidente siga elogiando a Delcy Rodríguez, diciendo que es
"fantástica" o "estupenda", cuando los números internos
muestran todo lo contrario. Parece que el negocio del petróleo está sirviendo
para tapar un gobierno que tiene a las instituciones tomadas, y que se escuda
en una Ley de Amnistía que, si uno se fija bien, fue solo una trampa legal.
Está claro que están usando una estrategia para neutralizar
y así seguir fortaleciendo ese liderazgo cívico-militar corrupto, donde ella ni
siquiera manda. Esto lo vemos porque la Fiscalía y la Defensoría están en manos
de gente leal al "Rodrigato", y porque personajes tan desagradables
como Padrino López —que tiene orden de captura y recompensa en Estados Unidos—
lo nombraron ministro de agricultura. Como un venezolano más, creo que los
halagos que vienen de la Oficina Oval ignoran la urgencia de un pueblo que
sigue esperando que la libertad de enero se convierta en una alegría de verdad,
no en una estructura aún más difícil de manejar.
Hay que entender que, con la estrategia de "normalización" que
tenemos, no va a haber ningún avance de verdad, porque el problema no es solo
quién ocupa Miraflores o quién controla Caracas. La dificultad real está en
cómo funcionan las ZODI, ADI y REDI, que permiten la impunidad en nuestras
fronteras. Si no se cambia quién manda en estas zonas militares, los estados de
la frontera seguirán siendo territorios ocupados. La seguridad de la zona ha
sido reemplazada por grupos criminales y guerrillas que operan a plena luz del
día en sitios clave como Táchira, Zulia, Apure y Bolívar.
Estas instancias y
los comandos estratégicos operacionales, en vez de defender el país, son
aliados y conviven con el crimen que viene de todos lados. Para mí, pensar en
una solución política sin tomar en cuenta esta expansión del crimen es una
ceguera que solo garantiza que el país siga en manos de los que lo están
destruyendo hoy.
Hay que considerar que para que vuelva el Estado de Derecho, es obligatorio
recuperar el control de estas unidades de defensa. No habrá paz para la gente
ni seguridad para invertir mientras las fronteras sigan bajo el mando de grupos
que actúan sin límites, protegidos por una estructura militar regional que
ahora mismo trabaja para intereses que no son los del pueblo venezolano.
Cambiando de tema, el juez Alvin Hellerstein le dio permiso al Estado
venezolano para pagar los abogados de Nicolás Maduro. Esta decisión, ahora
mismo, da asco. Y yo me pregunto: ¿Por qué tenemos que pagarle la defensa a ese
criminal? No se puede permitir que se use el dinero de un país que está pasando
trabajo económicamente para proteger a alguien que no debería estar ahí, un
extranjero que se robó la presidencia y lo único que ha hecho es destruirnos.
La verdad es que estamos ante un tipo que viola los derechos humanos una y otra
vez, un narcotraficante que no merece ni un céntimo del dinero de todos.
Y lo más grave es que, mientras la gente sufre social y económicamente, la
justicia de Nueva York instruye que se gasten recursos para defender algo
indefendible. Es una vergüenza que un criminal así, acusado de narcoterrorismo,
se beneficie de cuentas que son de todos nosotros, usando como excusa un
derecho a la defensa que él mismo les ha negado a miles de personas. Aunque
agradezco lo que pasó en enero, no puedo aceptar, ni siquiera legalmente, que
se valide la asistencia a quien nos robó.
Atención, presidente Donald Trump, secretario Marco Rubio,
Encargado de Negocios John M. Barrett
Esta relación entre Delcy y
Estados Unidos no va bien. Con las "midterm elections" de noviembre
de 2026 cada vez más cerca, en Estados Unidos hay mucha división. Las encuestas
de abril muestran que la popularidad de Trump ha bajado muchísimo, está entre
el 33% y el 37%, tanto en Estados Unidos como en Venezuela. Esta caída se debe
a que la gente no está contenta con el alto costo de la vida y a que una gran
parte (67%) no aprueba cómo ha manejado la situación con Irán.
Aunque su base republicana
sigue fuerte, los independientes se están yendo. Ya no pueden seguir con la
misma estrategia en Venezuela. Los inversionistas le tienen miedo a Delcy, así
que es hora de cambiar. Esto debe ser una solución de verdad para quitar estos
problemas del país —si no, van a seguir— y darle el apoyo total a María Corina
Machado, que es la líder indiscutible de todo esto. Estos pasos son vitales
para que Estados Unidos esté estable por dentro.
Si hubiera un gobierno que abriera puertas técnicas y diera
seguridad jurídica, algo que los inversionistas piden mucho, el sector
energético de Estados Unidos podría dejar de importar petróleo pesado de sitios
peligrosos como el Medio Oriente. Estar más cerca reduciría los costos de
transporte y seguros, lo que afectaría directamente los gastos de las
refinerías del Golfo de México. Así, el precio de los combustibles bajaría de
forma natural y, por lo tanto, la inflación básica en la economía de Estados Unidos
también disminuiría.
Además, un cambio democrático de verdad ayudaría a frenar el gasto público del
gobierno federal. No se puede hablar de normalidad cuando en este abril de 2026
más de ocho millones de los nuestros siguen fuera, y nuestros jóvenes aquí, al
ver que los 3.000 millones de dólares son pura fantasía, prefieren arriesgarse
a ser "invisibles jurídicos” en el norte o buscar asilo en Brasil
antes que rogar por un futuro en una Venezuela dominada por el
"Rodrigato" que tanto elogia Trump. Si Caracas se estabiliza, la
gente dejaría de emigrar y los criminales también, lo que permitiría usar esos
recursos para impulsar la economía dentro de Estados Unidos.
Trump necesita mostrarse fuerte y recuperar la confianza de los estadounidenses
y del voto latino, aunque la situación se ha puesto muy confusa y peligrosa. El
partido demócrata, después de ganar las alcaldías de Miami y Nueva York, y las
gobernaciones de Virginia y Nueva Jersey, cree que tiene buenas oportunidades
para levantarse. No pueden ignorar ni restar importancia a que el avance de
figuras como Eileen Higgins o Zohran Mamdani es un movimiento que los
republicanos no pueden subestimar.
Es justo ahí donde los republicanos deberían ser mucho más duros. No se
entiende por qué se quedan callados cuando tendrían que estar denunciando a la
gente de Maduro que estuvo metida en la trama electoral corrupta y que se
involucró sin disimulo en las elecciones de 2020 — los que están en el poder
hoy aquí—. No es un secreto que se unieron con algunos demócratas para
debilitar e interferir en la voluntad del pueblo. Es fundamental que agarren a
todos los que tienen cuentas pendientes, para que los juzguen y cuenten el
fraude que hicieron, que fue desde Caracas hasta los centros de votación en
Estados Unidos.
Lograr que esta gente declare ante un gran jurado sería el
tiro de gracia para lo que quieren los demócratas. Si se revela esa conexión,
no solo se caería la historia de sus victorias en Virginia o Nueva Jersey, sino
que se acabaría por completo con "el voto latino" que ellos dan por
hecho. Si los votantes entienden que la misma gente que destrozó Venezuela
intentó manipular el sistema de Estados Unidos, los van a rechazar del todo.
No basta con haberle cortado la cabeza a la serpiente el 3 de enero; la
justicia de verdad pide que metan presos a los que ayudaron a montar ese
sistema. Dejarlos libres es dejar que el cuerpo de la serpiente siga tramando y
moviéndose, no solo aquí, sino también en el sistema electoral de EE. UU. Ahora
es el momento, cuando los independientes no están seguros, de mostrar la verdad
sobre esa alianza tan turbia.
No me considero un diplomático ni un erudito en política, pero la gente lo ve
claro: Delcy y su "Rodrigato" solo están montando una farsa —siempre
lo han hecho—. Lo que vemos hoy son jugadas pensadas para engañar, para
aferrarse al poder y para buscar una participación en las elecciones que,
sencillamente, no se puede tolerar. ¿Por qué vamos a olvidar que han sido parte
de la misma red criminal por 27 años?
Varios de estos delincuentes son buscados por la justicia de Estados Unidos, y
por algunos de ellos hasta ofrecen recompensas millonarias. ¿Por qué el juez
Hellerstein no pide que extraditen a todos esos cómplices que nos han hecho
daño por casi treinta años, en vez de dejar que se pague la defensa de Maduro?
Es vergonzoso. Lo repito: gracias por llevarse la cabeza de la serpiente el 3
de enero, pero dejaron vivo todo el cuerpo, una red de cómplices que sigue
metida aquí y que es todavía más peligrosa y dañina que la misma cabeza.
Si Delcy Rodríguez logró convencer a la Casa Blanca de que ella es la única que
garantiza orden y puertas técnicas, lo hizo con mentiras que Trump y su gente
tienen que deshacer antes de noviembre. Delcy solo muestra una cara de sumisión
que se cae a pedazos al anochecer, mientras que María Corina Machado representa
la transparencia, el apoyo masivo de la gente y la verdadera seguridad jurídica
que el dinero de afuera necesita. No se puede aceptar que intenten pintar a una
persona que, por la mañana, se pone alas de ángel para negociar con Washington
y, por la noche, se vuelve lobo para atacar a Marco Rubio y a los intereses de
Estados Unidos.
Esta postura es arriesgada, sobre todo si pensamos en lo inestable que están
Europa y el Medio Oriente. América Latina debería ser quien aporte soluciones
clave por cómo está el mundo de inestable. Estados Unidos es el líder claro
para llevar este proceso de integración, pero estos demonios del socialismo del
siglo XXI se han vuelto un obstáculo gigantesco que no deja a Trump crear una
zona de paz y prosperidad donde haya inversión extranjera duradera.
La diferencia está en la
ética y en cómo se trabaja. María Corina ha logrado un liderazgo que no es solo
algo que se siente aquí, sino que cuenta con el respaldo y la aprobación del
mundo democrático. La vemos con gobiernos y sectores importantes de todo el
mundo, que la ven como la única persona con quien hablar de forma legítima.
En este mismo sentido, y esto es muy importante, creo que
hay que seguir las ideas legales que los expertos del país tienen como
soluciones institucionales finales. Esto quiere decir, a mi juicio, que John M.
Barrett, el Encargado de Negocios, puede estudiar seriamente tanto la
declaración de falta absoluta como el inicio de una Asamblea Nacional
Constituyente original. Se podría creer que este camino permitiría limpiar a
fondo los poderes públicos, muchos de los cuales hoy siguen sucios por el
chavismo-madurismo y ahora están hechos a la medida del "Rodrigato".
Así se lograría la estabilidad para unas elecciones de verdad transparentes y
la seguridad legal que los mercados internacionales tanto necesitan y piden
para invertir sin miedo.
El Sr. Barrett podría abrir un canal de trabajo con un equipo técnico de
enlace, que incluya a gente del equipo de María Corina y a representantes de la
sociedad civil. Estoy seguro de que la oficina de negocios en Venezuela
necesita que, desde el punto de vista del ciudadano y sin las ataduras de la
burocracia actual, se revise y ayude a manejar la reconstrucción del país. Así,
se garantizará que el dinero recuperado y los cambios funcionen en la economía
de verdad y no se pierdan en estructuras oscuras, sin tantos rodeos y atrasos
innecesarios.
Si se dejan de lado las opciones legales o el apoyo civil,
se estaría aceptando una "normalización" falsa. El Sr. Barrett tiene
la chance de llevar una política exterior que, en vez de arreglar un sistema
roto, empiece a construir un futuro fuerte con quienes han defendido la
democracia sin ceder. Esto podría significar que, en lugar de las tácticas para
ganar tiempo del régimen, todo se vea en un ambiente de transparencia que solo
un cambio así puede ofrecer.
Es preocupante, alarmante y contradictorio para el votante latino que la
administración y Trump parezcan creer más en las ilusiones que vende una
funcionaria del régimen que en su aliada natural. Esto a pesar de que la
mayoría de los venezolanos —tanto los que viven aquí como los que se hicieron
ciudadanos de EE. UU.— vemos a María Corina como la única garantía para ese
futuro.
No se puede recuperar la confianza de los independientes ni el nivel político
si se apoya algo que, por su naturaleza, es detestable. El llamado de atención es
para la administración y al presidente Trump: apoyar este
"Rodrigato", no solo traiciona y golpea la lucha y la dignidad de
todos los venezolanos, sino que ponen en peligro su propio legado al alimentar el
mismo cuerpo de la serpiente que —tarde o temprano— volverá a morder la mano de
quien hoy le da aire.
José Manuel Guzmán
Venezolano. Activista
político y comunitario
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